Según la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022 del INEGI, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años se encuentran en situación de trabajo infantil en México — el 13.1% de toda la población en ese rango de edad. Entre 2019 y 2022, la cifra aumentó un 14.1%. El Día del Niño es una fecha que invita a la alegría. También es una oportunidad para hacerse una pregunta organizacional concreta: ¿qué papel tienen las empresas en este tema?
UNA RAÍZ ESTRUCTURAL, NO UNA FALLA INDIVIDUAL
El 59.4% de los menores en situación de trabajo infantil no asiste a la escuela. El 35.5% restante combina trabajo y estudio, con el costo que eso implica para su desarrollo. Detrás de esas cifras hay, con frecuencia, familias donde los ingresos no alcanzan: ambos padres con jornadas extendidas — en muchos casos, turnos rotativos en manufactura, comercio o servicios — sin tiempo ni recursos para acompañar la trayectoria escolar de sus hijos. Sin quien los lleve a la escuela, los reciba al salir o supervise las tareas. En ese contexto, el menor termina asumiendo un rol económico antes de tener la oportunidad de construir su propio futuro.
El trabajo infantil no es una decisión familiar tomada a la ligera. Es la consecuencia de un sistema donde las redes de soporte son insuficientes para las familias que más las necesitan.
Un menor que interrumpe su trayectoria educativa a temprana edad pierde la posibilidad de salir del ciclo que lo llevó a trabajar en primer lugar.
LOS NIÑOS DE HOY SON LA SOCIEDAD QUE VAMOS A HABITAR MAÑANA
Quienes hoy ocupamos posiciones de decisión en las organizaciones tenemos una oportunidad — y una responsabilidad — de tomar acciones que mejoren las condiciones de vida de nuestros colaboradores y sus familias. Un menor que abandona la escuela para contribuir al ingreso familiar no solo pierde años de formación: pierde la posibilidad de salir del ciclo que lo llevó a trabajar en primer lugar. Ese ciclo se reproduce entre generaciones.
La sociedad que tendremos en veinte años depende, en parte, de las decisiones que las organizaciones toman hoy respecto a las familias que las conforman. Desde ese lugar, el trabajo infantil deja de ser un tema ajeno a las empresas para convertirse en un indicador del entorno en el que operan — y en el que sus propios colaboradores viven.
LO QUE EL MARCO ESG NOS PIDE VER
En los marcos de reporte de sostenibilidad internacionales, el trabajo infantil está codificado en el estándar GRI 408, que evalúa si la organización ha identificado riesgos relacionados con esta práctica en sus operaciones y cadena de suministro. Para las organizaciones que construyen o consolidan su estrategia ESG, este indicador es un punto de partida útil para abrir conversaciones internas que con frecuencia no ocurren.
Una parte de esa revisión corresponde a los proveedores. Las organizaciones con compromisos ESG serios establecen políticas formales que comunican a su cadena de suministro su posición respecto al trabajo infantil — no como auditoría punitiva, sino como parte de construir una cadena de valor coherente con los valores que la organización declara. Esa coherencia, entre el QUÉ y el CÓMO, es la base de cualquier estrategia de sostenibilidad que aspire a ser duradera.
POR DÓNDE PUEDEN COMENZAR LAS ORGANIZACIONES
Las iniciativas más efectivas no requieren grandes presupuestos. Requieren intención, consistencia y una cultura organizacional que reconozca la vida completa de sus colaboradores.
Los programas de apoyo educativo para hijos de colaboradores son, probablemente, la iniciativa más directa y de mayor impacto. Becas, apoyo para uniformes y materiales escolares, o convenios con instituciones educativas de las comunidades donde opera la organización: son acciones que muchas empresas ya implementan con resultados tangibles en compromiso y sentido de pertenencia — y que tienen un efecto directo sobre la posibilidad de que los hijos de los colaboradores permanezcan en la escuela.
Las políticas de conciliación, adaptadas al contexto de cada operación, también marcan una diferencia. No se trata de home office — en entornos de manufactura o trabajo por turnos esa opción no existe — sino de revisar la distribución de turnos, los horarios de entrada y salida, y los permisos para atender situaciones familiares. Pequeños ajustes operativos que, para un colaborador con hijos en edad escolar, pueden ser determinantes.
Las alianzas con instituciones educativas y programas comunitarios amplían el alcance de estas acciones más allá del colaborador individual. Convenios con escuelas o jardines de niños en las comunidades donde opera la empresa no solo benefician a las familias de los colaboradores: fortalecen el vínculo de la organización con su entorno y contribuyen a construir comunidades más estables.
En BLUM acompañamos a organizaciones que entienden que los resultados sostenibles se construyen cuando los objetivos del negocio y la cultura están alineados. Las empresas que se ocupan del bienestar integral de sus colaboradores — y de sus familias — como parte de su manera de operar, tienen niveles más altos de engagement, menor rotación y equipos más comprometidos con los resultados. Cuidar el entorno familiar de los colaboradores no es filantropía: es parte de construir organizaciones que funcionan mejor y que perduran.
EL LUGAR DE LAS ORGANIZACIONES EN ESTE TEMA
El trabajo infantil es, en primera instancia, un problema de política pública. Corresponde al Estado generar las condiciones estructurales para erradicarlo: inversión en educación, programas de apoyo a familias vulnerables, protección social efectiva. Las organizaciones no pueden — ni deben — asumir esa responsabilidad en su totalidad.
Sin embargo, las empresas tienen un papel propio e irremplazable. Están en contacto directo con las familias que más necesitan estas condiciones. Tienen la posibilidad de crear entornos donde sus colaboradores puedan ser, al mismo tiempo, trabajadores comprometidos y padres presentes. Esa combinación no es un privilegio: es la base de una organización que se construye con visión de largo plazo.
Los niños de hoy serán los colaboradores, los líderes y los ciudadanos de mañana. Las organizaciones que hoy invierten en las condiciones de sus familias están invirtiendo, también, en la sociedad que todas y todos vamos a habitar.
Andrea Troyo es Directora de BLUM, consultoría de Desarrollo Organizacional y Comunicación Interna con sede en México y presencia en Colombia. Acompaña a organizaciones a alinear sus objetivos de negocio con su cultura, construyendo entornos donde las personas y los resultados coexisten.
Fuentes:
INEGI, Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI) 2022; Comunicado de prensa núm. 369/24, junio 2024. REDIM / blog.derechosinfancia.org.mx. OIT, Convenio 182.